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Morrowind:Feyfolken I

De Teswiki

Feyfolken
Libro Uno
por Waughin Jarth


El Gran Vidente era un alto y desaliñado hombre, barbudo pero calvo. Su biblioteca se asemejaba a él: todos los libros habían sido movidos a lo largo de los años a los estantes inferiores donde se acumulaban en aglomeraciones llenas de polvo. Usaba varios de los libros en su lectura de ese momento, explicando a sus alumnos, Taksim y Vonguldak, cómo el Gremio de Magos había sido fundado por Vanus Galerion. Ellos tenían muchas preguntas sobre los inicios de Galerion en la Orden Psijic, y cómo el estudio de la magia allí difería del Gremio de Magos.

“Era, y es, un modo de vida muy estructurado,” explicaba el Gran Vidente. “Bastante elitista, en realidad. Ese era el aspecto al que más se oponía Galerion. Quería que el estudio de la magia fuese gratis. Bueno, no gratis exactamente, pero al menos asequible para todo aquel que pudiese permitírselo. Haciendo esto él cambió el curso de la vida en Tamriel.”

“Codificó las praxis y rituales utilizadas por todos los modernos creadores de pociones, objetos y hechizos, ¿verdad, Gran Vidente?” preguntó Vonguldak.

“Eso fue sólo una parte. La magia como la conocemos hoy proviene de Vanus Galerion. Él reestructuró las escuelas para que fuesen comprensibles por las masas. Inventó las herramientas de la alquímia y el encantamiento de manera que todo el mundo pudiese preparar cualquier cosa que quisiese, cualquier cosa que les permitiesen sus habilidades y dinero, sin temores a efectos colaterales no deseados. Bien, al fin y al cabo él lo creó.”

“¿Qué quieres decir, Gran Vidente?” preguntó Taksim.

“Las primeras herramientas estaban más automatizadas que las que tenemos en la actualidad. Cualquier aficionado podía usarlas sin la menor comprensión del encantamiento o la alquimia. En la Isla de Artaeum, los estudiantes tenían que aprender las habilidades trabajosamente y a través de muchos años, pero Galerion determinó que ese era otro ejemplo del elitismo de los Psijics. Las herramientas que inventó eran como maestros hechiceros y alquimistas robóticos, capaces de crear cualquier cosa que el comprador requiriese, siempre que pudiese pagar.”

“¿Así que alguien podía, por ejemplo, crear una espada que pudiese partir el mundo en dos?” preguntó Vonguldak.

“Supongo, en teoría, pero probablemente se necesitaría todo el oro del mundo,” dijo riéndose el Gran Vidente. “No, no puedo decir que alguna vez estuviesemos ante un gran peligro, pero no quiere decir que no hubiese algunos incidentes desafortunados en los que un palurdo no instruido inventase algo más allá de su alcance. Finalmente, por supuesto, Galerion destrozó sus antiguas herramientas y creó las que usamos en la actualidad. Es un poco elitista, exigir que la gente sepa lo que está haciendo antes de hacerlo, pero notablemente práctico.”

“¿Qué inventó la gente?” preguntó Taksim. “¿Existe alguna historia?”

“Estás intentando distraerme para que no te examine.” dijo el Gran Vidente. “Pero supongo que puedo contaros una historia para ilustrar este punto. Este relato en particular tiene lugar en la ciudad de Alinor en la costa oeste de la Isla Summerset e involucra a un escriba llamado Thaurbad.

Esto ocurrió en la Segunda Era, no mucho después de que Vanus Galerion fundase por vez primera el Gremio de Magos y las sucursales hubiesen brotado por todo Summerset, aunque aún no extendidas en el continente de Tamriel.

Durante cinco años, este escriba, Thaurbad, había dirigido toda su correspondencia al mundo exterior por medio de su chico de los recados, Gorgos. Durante el primer año de su adopción de la vida ermitaña, sus pocos amigos y familiares restantes -- amigos y familiares de su esposa muerta, a decir verdad -- le habían intentado visitar, pero incluso el más infatigable pariente claudica finalmente cuando pierde la esperanza. Nadie tenía una buena razón para mantenerse en contacto con Thaurbad Hulzik, y con el tiempo, muy pocos siquiera lo intentaban. Su cuñada le enviaba cartas ocasionales con noticias de gente que él apenas podía recordar, pero incluso esa comunicación era inusual. La mayor parte de los mensajes para y desde su casa estaban relacionados con sus negocios, escribiendo la proclamación semanal del Templo de Auri-El. Estos eran comunicados clavados en la puerta del templo, noticias de la comunidad, sermones, ese tipo de cosas.

El primer mensaje que Gorgos le llevó ese día era de su sanador, recordándole su compromiso del Turdas. Thaurbad se tomó un tiempo para escribir su respuesta, descorazonada y afirmativa. Tenía la Plaga Carmesí, de la cual estaba siendo tratado con un desembolso considerable -- debéis recordar que éstos eran los días antes de que la Escuela de la Restauración hubiese llegado a especializarse lo suficiente. Era una enfermedad espeluznante y le había dejado sin voz. Por eso era por lo que únicamente se comunicaba por escrito.

El siguiente mensaje era de Alfiers, la secretaria de la iglesia, tan brusca y nociva como siempre: “THAURBAD, VAN ADJUNTOS EL SERMÓN DEL SUNDAS, LA AGENDA DE EVENTOS DE LA SEMANA QUE VIENE Y LAS NECROLÓGICAS. TRATAD QUE OS ANIMEN UN POCO. NO ME AGRADÓ VUESTRO ÚLTIMO INTENTO.”

Thaurbad había aceptado el trabajo de escribir el Boletín antes de que Alfiers se uniese al templo, con lo que la única imagen mental de ella era puramente conjetural y había evolucionado con el tiempo. Al principio pensaba en Alfiers como una gorda y fea sload con verrugas; más recientemente, había cambiado a una orca finústica y solterona. Por supuesto, era posible que su clarividencia fuese precisa y acabase de perder peso.

Como quiera que fuese el aspecto de Alfiers, su actitud hacia Thaurbad estaba clara, inquebrantable desprecio. Ella odiaba su sentido del humor, siempre encontraba hasta la más mínima falta de ortografía, y consideraba su estructura y caligrafía como la peor de un trabajo de aficionado. Afortunadamente, trabajar para un templo era el segundo trabajo más seguro después de trabajar para el buen Rey de Alinor. No aportaba mucho dinero, pero sus gastos eran mínimos. La verdad era que ya no necesitaba hacerlo por más tiempo. El tenía una abundante fortuna escondida lejos, aunque no tenía nada más con qué ocupar sus días. Y la verdad era además que tenía poco más con qué ocupar su tiempo y sus pensamientos y el Boletín era muy importante para él.

Gorgos, tras entregar todos los mensajes, empezó a limpiar y como así lo hizo, contó a Thaurbad todas las noticias de la ciudad. El chico siempre lo hacía, y Thaurbad rara vez le prestaba alguna atención, pero esta vez él tenía un informe interesante. El Gremio de Magos había llegado a Alinor.

Como Thaurbad escuchaba atentamente, Gorgos le contó todo acerca del Gremio, el eminente Maestro Supremo, y las increíbles herramientas de alquímia y encantamiento. Finalmente, cuando el chaval hubo acabado, Thaurbad garabateó una rápida nota y se la pasó a Gorgos con una pluma. La nota decía, “Haz que encanten esta pluma.”

“Será caro,” dijo Gorgos.

Thaurbad dió a Gorgos una considerable parte de las miles de piezas de oro que había ahorrado a lo largo de los años, y le señaló la puerta. Entonces, determinó Thaurbad, finalmente tendría la habilidad de impresionar a Alfiers y traer la gloria al Templo de Auri-El.

Del modo que he oído la historia, Gorgos estuvo pensando en quedarse cn el oro e irse de Alinor, pero había llegado a preocuparse por el pobre y viejo Thaurbad. E incluso más, odiaba a Alfiers, a la que tenía que ver todos los días para darle los mensajes de su señor. No fue quizás por la mejor de las motivaciones, pero Gorgos decidió ir al Gremio y conseguir que encantasen la pluma.

El Gremio de Magos no era por entonces, especialmente por entonces, una institución elitista, como he dicho, pero cuando el chico de los recados llegó y pidió utilizar el creador de objetos, fue recibido con algo de suspicacia. Cuando mostró la bolsa de oro, la actitud se ablandó, y fue guiado a la habitación.

Ahora, no he visto ninguna de las herramientas de encantamiento antiguas, así que debéis usar vuestra imaginación. Había un gran prisma para el objeto a ligar con magia, seguramente, y un surtido de gemas de alma y esferas de energías atrapadas. Aparte de eso, no puedo estar seguro de cuál era su aspecto o de cómo funcionaban. Debido a la gran cantidad de oro que dió al Gremio, Gorgos pudo imbuir a la pluma con el alma más cara disponible, que era algo daédrico llamado Feyfolken. El iniciado del Gremio, siendo ignorante como lo eran la mayoría de los miembros del Gremio por entonces, no sabía demasiado acerca del espíritu excepto que estaba lleno de energía. Cuando Gorgos dejó la habitación, la pluma había sido encantada hasta el extremo y algo más. Verdaderamente retemblaba debido al poder.

Por supuesto, cuando Thaurbad la usó, fue cuando quedó claro lo demasiado potente que era para él.

Y ahora,” dijo el Gran Vidente. “Es hora de vuestro examen.”

“¿Pero qué ocurrió? ¿Qué poderes tenía la pluma?” gritó Taksim.

“¡No puedes parar el relato ahora!” protestó Vonguldak.

“Continuaremos con el relato después de vuestro examen de conjuración, a condición de que lo desarrolléis excepcionalmente bien,” dijo el Gran Vidente.