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Morrowind:La Última Lección

De Teswiki

La Última Lección
Por Aegrothius Goth


“Es hora de que terminéis en este punto vuestro aprendizaje,” dijo el Gran Vidente a sus alumnos, Taksim y Vonguldak.

“¿Tan pronto?” exclamó Vonguldak, si no han pasado más que unos pocos años desde que empezó nuestro entrenamiento. “¿Somos unos pupilos tan malos?”

“¿Hemos aprendido demasiado para vos, maestro, de manera que no tenéis más que enseñarnos?” preguntó Taksim. “Nos habéis contado tantos relatos de grandes encantadores del pasado. ¿No podemos seguir aprendiendo hasta que hayamos alcanzado algo de su poder?”

“Tengo una última historia para vosotros,” sonrió el Gran Vidente.

Hace muchos miles de años, mucho antes de la Dinastía Cyrodílica de Reman e incluso mucho tiempo más antes de que la Dinastía Septim gobernase Tamriel, y antes de que existiese un Gremio de Magos, y cuando la región llamada Morrowind era conocida como Resdayn, y la región de Elsweyr era llamada Anequina y Pellitine, y la única ley de la región eran los crueles métodos de las Doctrinas Alessianas de Marukh, allí vivía un encantador hermético llamado Dalak que tenía dos aprendices, Uthrac y Loreth.

Uthrac y Loreth eran estudiantes extraordinarios, ambos igualmente perseverantes en su aprendizaje, el orgullo de su Maestro. Ambos destacaban en las artes del caldero, los lanzamientos de reflejo, la infusión de espíritas en mundus, y el manejo del aire y el fuego. Dalak apreciaba mucho a sus chicos, y ellos a él.

Una mañana de primavera, Dalak recibió un mensaje de otro encantador llamado Peothil, que vivía en lo profundo de los bosques del corazón de la región Coloviana. Debéis recordar que en los oscuros días de la Primera Era, los magos eran practicantes solitarios existiendo una única corporación organizada, los Psijics de Artaeum. Lejos de esa isla, los magos rara vez se veían entre ellos e incluso era más raro que se escribiesen. Por eso, cuando Dalak recibió la carta de Peothil, se quedó muy sorprendido.

Peothil era muy anciano, y había encontrado la paz de su aislamiento amenazada por la Reforma Alessiana. Temía por su vida, sabiendo que los fanáticos sacerdotes y sus guerreros estaban muy cerca. Dalak le llevó a sus alumnos.

“Será un arduo y peligroso viaje a los Estados Colovianos, en el cual temería tomar parte incluso en mi juventud,” dijo Dalak. “Mi corazón se estremece al enviaros a los dos a la cueva de Peothil, pero sé que es un gran y benévolo encantador, y su luz debe seguir encendida en el corazón del continente si debemos sobrevivir a estas oscuras noches.”

Uthrac y Loreth le suplicaron a su maestro que no les mandase donde Peothil. No era que temiesen a los sacerdotes ni a los guerreros de la Reforma Alessiana, sino que sabían que su Maestro estaba viejo y achacoso, y no podría protegerse por sí solo si la Reforma se trasladaba más hacia el oeste. Finalmente cedió y permitió que uno de ellos se quedase con él y el otro viajaría a los Estados Colovianos. Les dejaría decidir cuál de ellos iría.

Los chavales debatieron y discutieron, lucharon y llegaron a un acuerdo, y finalmente optaron por el azar para tomar una decisión. Lo echaron a suertes, y Loreth perdió. Partió a primera hora de la mañana siguiente, desdichado y lleno de miedos.

Durante un mes y un día, anduvo a través del bosque en la niebla de los Estados Colovianos. A base de algo de planificación, algo de habilidad, y mucha ayuda de los compasivos campesinos, él logró evitar el cerco hermético de la Reforma Alessiana cruzando pasos de montaña no reclamados y marjales escondidos. Cuando al fin encontró las oscuras cuevas donde Dalak le había dicho que buscase a Peothil, pasaron muchas horas antes de que pudiese encontrar la guarida del encantador.

No parecía haber nadie allí. Loreth buscó en el laboratorio entre ancestrales tomos, calderos y flautas cristalinas, hierbas mantenidas con vida con el fulgor de círculos místicos, extraños líquidos y gases atrapados en membranas transparentes. Al fin, encontró a Peothil, o eso pensó él. El desecado cascarón en el suelo del estudio, empuñando herramientas de encantamiento, apenas parecía humano.

Loreth determinó que no podía hacer nada más por el mago, e inició de inmediato el viaje de vuelta con su verdadero maestro Dalak y su amigo Uthrac. Los ejércitos de la Reforma habían avanzado rápidamente desde que los dejó atrás. Tras más de un encuentro demasiado cercano, el joven encantador advirtió que estaba totalmente rodeado. La única posibilidad de escape que le quedaba era volver a las cuevas de Peothil.

La primera cosa por hacer, vió Loreth, era encontrar los medios para evitar que el ejército encontrase el laboratorio. Eso, comprobó, era lo que el propio Peothil había intentado hacer, pero debido a un simple error que incluso un encantador aprendiz podía reconocer, sólo había logrado destruirse a sí mismo. Loreth fue capaz de utilizar lo que había aprendido de Dalak y aplicarlo a los encantamientos de Peothil, con bastante éxito. El laboratorio no fue nunca encontrado, ni siquiera detectado por la Reforma.

Pasó mucho tiempo. El año 480 de la Primera Era, el gran Aiden Direnni ganó muchas batallas contra la horda Alessiana, y muchos pasadizos y rutas que estaban cerrados se abrieron entonces. Loreth, ahora no tan joven, fue capaz de volver con Dalak.

Cuando al fin encontró el camino hasta el viejo chamizo de su Maestro, vió cirios funerarios encendidos en todos los árboles de alrededor. Incluso antes de que llamase a la puerta y se encontrase con su viejo compañero de estudios Uthrac, Loreth sabía que Dalak había muerto.

“Ocurrió hace sólo unos meses,” dijo Uthrac, tras abrazar a su amigo. “Él hablaba de tí cada día de cada año que estuviste fuera. De algún modo sabía que no irías al más allá antes que él. Me dijo que volverías.”

El hombre de pelo cano se sentó junto al fuego y recordó los viejos tiempos. La triste verdad era que ambos descubrieron lo diferentes que se habían vuelto. Uthrac hablaba de proseguir el trabajo del Maestro, mientras que Loreth describía sus nuevos descubrimientos. Ese día se despidieron, cada uno sacudiendo la cabeza, destinados a no verse nunca de nuevo.

Los años siguientes, antes de dejar el mundo mortal para unirse con su gran maestro Dalak, ambos lograron sus deseos. Uthrac prosiguió para llegar a ser respetado como encantador menor al servicio del Clan Direnni. Loreth utilizó las habilidades que había aprendido por sí mismo, y las usó para dar forma al Balac-thurm, el Bastón del Caos.

Chicos míos, la lección es que tenéis que aprender de un maestro para evitar esos pequeños pero esenciales errores que se cobraron la vida de encantadores autodidactas como Peothil. Y con todo, la única manera de llegar a ser realmente grande es probar todas las posibilidades por vosotros mismos.