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Morrowind:La Reina Loba, Libro V

De Teswiki

La Reina Loba, Libro Cinco
por Waughin Jarth


De puño y letra de Inzolicus, Sabio del Segundo Siglo y Alumno de Montocai:

Año 119 3E Durante veintiún años, el Emperador Antiochus Septim gobernó Tamriel, y demostró ser un líder capaz a pesar de su laxitud moral. Su mayor victoria fue en la Guerra de la Isla en el año 110, cuando la flota Imperial y la marina real de la Isla Summerset, junto con los poderes mágicos de la Orden Psijic, lograron destruir la armada invasora Pyandoneana. Sus hermanos, el Rey Magnus de Lilmoth, el Rey Cephorus de Gilane, y Potema, la Reina Loba de Solitude, gobernaron bien y las relaciones entre el Imperio y los reinos de Tamriel mejoraron mucho. Aún así, siglos de dejadez no habían curado las cicatrices que existían entre el Imperio y los reyes de Roca Alta y Skyrim.

Durante una rara visita de su hermana y su sobrino Uriel, Antiochus, que había sufrido varias enfermedades durante su reinado, entró en coma. Durante meses, se debatió entre la vida y la muerte mientras el Antiguo Consejo se preparaba para la ascensión al trono de su hija de quince años Kintyra.


Año 120 3E “Madre, no me puedo casar con Kintyra,” dijo Uriel, más sorprendido que ofendido por la sugerencia. “Ella es mi prima hermana. Y además, creo que está prometida con uno de los lords del consejo, Modellus.”

“Eres tan escrupuloso. Hay un tiempo y un lugar para la decencia,” dijo Potema. “Pero llevas razón respetando a Modellus de todos modos, y no debemos ofender al Antiguo Consejo en esta crítica situación. ¿Qué me dices de la Princesa Rakma? Pasaste un buen rato en su compañía en Farrun.”

“Ella está bien,” dijo Uriel. “No me digas que quieres oir todos los detalles sórdidos.”

“Por favor guardate tu estudio de su anatomía,” dijo Potema haciendo muecas. “¿Pero te casarías con ella?”

“Supongo que sí.”

“Muy bien. Haré los preparativos entonces,” Potema escribió una nota para si misma antes de continuar. “El Rey Lleromo ha sido un aliado difícil de mantener, y un matrimonio político debe mantener Farrun de nuestro lado. Lo necesitamos. ¿Cuándo es el funeral?”

“¿Qué funeral?” preguntó Uriel. “¿Te refieres al del Tío Antiochus?”

“Por supuesto,” suspiró Potema. “¿Ha habido alguna otra muerte relevante recientemente?”

“Hay un montón de niños Guardias Rojos corriendo por los pasillos, así que supongo que Cephorus ha llegado. Magnus llegó ayer, de manera que ha de ser uno de estos días.”

“Es hora de hablar con el Consejo entonces,” dijo Potema, sonriendo.

Se vistió de negro, no con uno de sus habituales vestidos llenos de color. Era importante aparentar el papel de la hermana angustiada. Mirándose en el espejo, ella sintió que aparentaba los cincuenta y tres años que tenía. Una melena plateada se había abierto paso en su pelo castaño. Los largos, fríos y secos inviernos del norteño Skyrim habían creado multitud de arrugas, delgadas como la tela de una araña, por todo su rostro. Aún así, sabía que cuando sonreía, podía conquistar corazones, y cuando fruncía el ceño, podía infundir miedo. Era suficiente para sus propósitos.

El discurso de Potema al Antiguo Consejo es quizás de gran ayuda para los estudiantes de oratoria en público.

Ella comenzó con zalamerías y humillación propia: “Mis más augustos y sabios amigos, miembros del Antiguo Consejo, no soy más que una reina de provincia, y doy por supuesto que traigo a debate lo que vosotros mismos debéis haber ya deliberado.”

Continuó enalteciendo al difunto Emperador, que había sido un regente popular, a pesar de sus defectos: “Fue un verdadero Septim y un gran guerrero, destruyendo, con vuestro consejo, la cercana armada invencible de Pyandonea.”

Pero desperdició poco tiempo, centrándose en lo importante: “La Emperatriz Gysilla desafortunadamente no hizo nada para templar los bríos lujuriosos de mi hermano. De hecho, no hay meretriz en los suburbios de la ciudad que se haya metido en más camas que ella. ¿Atendió a sus obligaciones en el dormitorio Imperial más lealmente?, ¿tendremos un verdadero heredero del Imperio?, no los poco avispados y lloricas que se llaman a si mismos los hijos del Emperador. Es popularmente conocido que la chica llamada Kintyra es la hija de Gysilla y el Capitán de la Guardia. Puede ser que sea la hija de Gysilla y el chico que limpia el aljibe. Nunca podremos saberlo con certeza. No con tanta seguridad como podemos conocer el linaje de mi hijo, Uriel. El mayor y verdadero hijo de la Dinastía Septim. Mis señores, los príncipes del Imperio no apoyarán a un bastardo en el trono, eso os lo puedo asegurar.”

Acabó con suavidad, pero con una llamada de atención: “La posteridad os juzgará. Sabéis lo que debe hacerse.”

Esa noche, Potema amenizó a sus hermanos y sus esposas en la Sala del Mapa, su favorito entre los comedores Imperiales. Las paredes estaban salpicadas con radiantes, algunas descoloridas representaciones del Imperio y todas las regiones conocidas más allá, Atmora, Yokunda, Akavir, Pyandonea, Thras. En el gran techo de cristal en forma de cúpula, mojado por la lluvia, se disponían imágenes distorsionadas de las estrellas del cielo. Los relámpagos se sucedían a cada minuto, proyectando extrañas sombras fantasmales sobre las paredes.

“¿Cuando hablareis con el Consejo?” preguntó Potema cuando la cena estuvo servida.

“No sé si es mi deseo,” dijo Magnus. “No creo que tenga nada que decir.”

“Hablaré con ellos cuando anuncien la coronación de Kintyra,” dijo Cephorus. “Como una mera formalidad para mostrar mi apoyo y el apoyo de Hammerfell.”

“¿Puedes hablar en nombre de todo Hammerfell?” preguntó Potema, con una sonrisa jocosa. “Los Guardias Rojos deben quererte mucho.”

“Tenemos una única conexión con el Imperio en Hammerfell,” dijo la esposa de Cephorus, Bianki. “Desde el tratado de Stros M'kai, se sobreentiende que somos parte del Imperio, pero no súbditos.”

“Yo sobreentiendo que ya has hablado con el Consejo,” dijo la esposa de Magnus, Hellena, con mordacidad. Era una diplomática por naturaleza, pero como la gobernante Cyrodílica de un reino Argoniano, ella sabía cómo reconocer y afrontar la adversidad.

“Sí, lo he hecho,” dijo Potema, deteniéndose para saborear un filete de pájaro jalf a la brasa. “Les dí un corto discurso sobre la coronación esta tarde.”

“Nuestra hermana es una excelente oradora en público,” dijo Cephorus.

“Eres muy amable,” dijo Potema, riéndose. “Hago muchas cosas mejor que hablar.”

“¿Cómo cuáles?” preguntó Bianki, sonriendo.

“¿Puedo preguntar lo que dijiste en tu discurso?” preguntó Magnus, suspicazmente.

Alguien llamó a la puerta de la estancia. El mayordomo mayor susurró algo a Potema, que sonrió en respuesta y se levantó de la mesa.

“Le dije al Consejo que les daría mi total apoyo a la coronación, siempre que procedan con sabiduría. ¿Qué puede haber de siniestro en eso?” dijo Potema, y se llevó su copa de vino con ella hacia la puerta. “Si me perdonáis, mi sobrina Kintyra desea hablar conmigo.”

Kintyra estaba en el vestíbulo con la Guardia Imperial. No era más que una niña, pero reflexionando, Potema se dio cuenta que a su edad, ella ya llevaba casada dos años con Mantiarco. Había una similitud, a decir verdad. Potema pudo ver a Kintyra como la joven reina, con ojos oscuros y suave y cenicienta piel y resuelta como el mármol. La cólera relampagueó momentáneamente en los ojos de Kintyra al ver a su tía, pero la emoción se desvaneció, reemplazándola con la calmada presencia Imperial.

“Reina Potema,” dijo serenamente. “He sido informada que mi coronación tendrá lugar dentro de dos días. Vuestra presencia en la ceremonia no será bienvenida. Ya he dado órdenes a vuestros sirvientes para que embalen vuestras pertenencias, y una escolta os acompañará de vuelta a vuestro reino esta noche. Eso es todo. Adiós, tía.”

Potema intentó replicar, pero Kintyra y su guardia se volvieron y marcharon corredor abajo hacia el salón del trono. La Reina Loba observó cómo se iban, y después volvió a la Sala del Mapa.

“Cuñada,” dijo Potema, dirigiéndose a Bianki con profunda malevolencia. “¿Preguntaste qué hago mejor que hablar? La respuesta es: la guerra.”